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DESTRUCCIÓN O INVERTIR EN ADAPTACIÓN por Alberto Texido
Los últimos eventos meteorológicos vuelven a recordarnos que los llamados desastres naturales son, en realidad, socionaturales: sus consecuencias dependen tanto de la intensidad de la naturaleza como de la forma en que hemos ocupado, diseñado y administrado el territorio. Las lluvias activan quebradas y cursos de agua […]
16 de octubre de 2026 · DIARIOTALCA.CL – Los últimos eventos meteorológicos vuelven a recordarnos que los llamados desastres naturales son, en realidad, socionaturales: sus consecuencias dependen tanto de la intensidad de la naturaleza como de la forma en que hemos ocupado, diseñado y administrado el territorio. Las lluvias activan quebradas y cursos de agua que pueden permanecer secos durante décadas, que amplificarán su volumen e impacto después de cada incendio en la cuenca.
Los daños obligan a revisar el calendario de obras, criterios de diseño y decisiones de urbanización. Pero también podemos reconocer aquello que funcionó. En distintos episodios recientes hubo destrucción de bienes e infraestructura, pero determinadas medidas de planificación contribuyeron a evitar más pérdidas de vidas humanas. La adaptación también consiste en aprender de las capacidades que ya hemos construido y corregirlas.
Chile tiene experiencia. Las piscinas y obras de control aluvional del Norte Grande, y también algunas existentes en la zona central, muestran una manera de enfrentar el riesgo reconociendo cauces y flujos antes de que ocurra la emergencia. Son infraestructuras que pasan inadvertidas durante años, poco interesantes para el cortoplacismo electoral, pero de enorme valor cuando llega un evento extremo. Mantenerlas, evaluar sus capacidades y volver a priorizar su construcción debería formar parte de una estrategia permanente.
Pero no se trata solo de contener el agua mediante nuevas obras, sino de reconocer las dinámicas del territorio y planificar con ellas. La misma lógica vale para un borde costero expuesto a tsunamis y marejadas, para territorios volcánicos, zonas inundables o áreas de interfaz sometidas a incendios cada vez más difíciles de controlar. Cada lugar exige conocimiento complementado de acción inmediata.
Así, la información científica debe recuperar prioridad en la toma de decisiones. Chile ya aprendió esa lección frente a los terremotos. Hoy no discutimos cada vez si corresponde considerar el riesgo sísmico: lo incorporamos sin duda alguna mediante normas, estándares y exigencias de diseño. Frente a los nuevos e innegables escenarios climáticos necesitamos una evolución semejante, capaz además de actualizarse cada vez que cambien las condiciones.
El cambio climático es ya una condición ineludible, por eso, la adaptación no puede depender de respuestas ocasionales. Requiere priorizar políticas públicas y sus presupuestos para sostener una adaptación planificada y permanente.
Y allí aparece una pregunta necesaria, especialmente cuando la discusión pública se concentra en reducir gastos: si las condiciones ambientales están aumentando las exigencias sobre nuestras ciudades e infraestructuras, ¿no será necesario aumentar, en vez de disminuir, los presupuestos destinados a adaptación y prevención de un habitar mucho más seguro?
No se trata de gastar más sin evaluación, sino de invertir antes y mejor. Mantener, completar y actualizar infraestructura cuesta y es importante. Reconstruir reiteradamente cuesta aún más, y perder vidas tiene un costo inaceptable.
Asimismo, negar las nuevas condiciones no hará que desaparezcan. Adaptarnos significa aprender de lo que falló, reconocer lo que protegió y convertir conocimiento y experiencia en decisiones permanentes.
Alberto Texido
Académico FAU U. de Chile
Consejero
Consejo de Políticas de Infraestructura
Fuente: https://diariotalca.cl/destruccion-o-invertir-en-adaptacion-por-alberto-texido
Fuente: Diariotalca
Nota publicada originalmente por Diariotalca y recogida por el CPI en su informativo. Leer la nota original → (se abre en otra pestaña)