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ANÁLISIS: El agua que devolvemos al mar
EL MERCURIO · GUIDO CARVAJAL ORTEGA, PHD., director International College of Engineering Sciences, Universidad Andrés Bello. · 2026-09-30 Las lluvias de este invierno trajeron alivio a buena parte de la zona central, y con ellas el riesgo de siempre: creer que la crisis quedó atrás. No es así. Una megasequía no se termina con un […]
EL MERCURIO · GUIDO CARVAJAL ORTEGA, PHD., director International College of Engineering Sciences, Universidad Andrés Bello. · 2026-09-30
Las lluvias de este invierno trajeron alivio a buena parte de la zona central, y con ellas el riesgo de siempre: creer que la crisis quedó atrás. No es así. Una megasequía no se termina con un año lluvioso, sino con una seguidilla de ellos, y la evidencia indica que esa seguidilla será cada vez menos probable.
Chile central acumula más de quince años de déficit de precipitaciones, la sequía más larga de su registro instrumental. Los estudios del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2) atribuyen al menos un cuarto de ese déficit al cambio climático de origen humano, una fracción que se espera aumente. A esto se suman el alza de la isoterma cero, que reduce la nieve que regula nuestros ríos en verano, y una mayor evaporación por el aumento de las temperaturas. No estamos ante un paréntesis, sino ante una nueva línea de base.
Pero sería un error culpar solo al clima. El clima reduce la oferta, la gestión determina cuánto de ese déficit se transforma en crisis. Derechos sobre otorgados, acuíferos sobreexplotados, riego ineficiente y redes donde cerca de un tercio del agua potable producida no llega a facturarse son problemas de gestión y, por lo tanto, corregibles.
En el debate sobre nuevas fuentes, la desalación se ha llevado casi toda la atención. Es necesaria, sobre todo en el norte, pero es intensiva en energía e inversión. Mientras tanto, pasamos por alto una fuente que ya existe, que está junto a los centros de consumo y que no depende de la lluvia: nuestras propias aguas servidas.
Chile trata prácticamente la totalidad de sus aguas servidas urbanas, un logro sanitario notable. Sin embargo, cerca del 21% de ese volumen, unos 260 millones de metros cúbicos al año, se descarga al mar mediante emisarios submarinos, en general, con apenas un tratamiento primario. A diferencia de lo que se vierte a los ríos, que vuelve a usarse aguas abajo, esa agua se pierde definitivamente, y lo hace en ciudades costeras de regiones como Coquimbo, Valparaíso o Antofagasta, donde más falta hace.
Otros países lo entendieron hace años. Israel reutiliza cerca del 90% de sus aguas servidas tratadas, principalmente en riego, Singapur tiene capacidad para cubrir hasta el 40% de su demanda con agua recuperada y la Unión Europea adoptó en 2020 requisitos mínimos comunes para el reúso agrícola. Además, regenerar aguas servidas requiere bastante menos energía que desalar agua de mar, por lo que es también una medida de mitigación y no solo de adaptación.
Hay, eso sí, una condición que no podemos saltarnos: la confianza. Las aguas servidas contienen contaminantes emergentes, como fármacos, hormonas y compuestos industriales, que el tratamiento convencional no remueve por completo y que nuestra normativa prácticamente no considera. Un programa de reúso sin estándares de calidad claros, diferenciados según el uso y basados en análisis de riesgo, se expone a un rechazo ciudadano que podría frenarlo por décadas. La tecnología existe, lo que marca la diferencia es la regulación y la transparencia.
Tres pasos permitirían avanzar. Primero, despachar el proyecto de ley sobre reúso de las aguas de emisarios submarinos, hoy en segundo trámite en el Senado, con certeza jurídica sobre la propiedad y los usos de las aguas tratadas. Segundo, establecer normas de calidad por tipo de uso que incluyan contaminantes emergentes y un monitoreo público. Tercero, fijar metas graduales para reemplazar las descargas de emisarios por plantas con tratamiento avanzado, priorizando las regiones con mayor déficit.
El cambio climático nos seguirá quitando agua. La pregunta es si seguiremos devolviendo al mar la que ya tenemos.
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