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El desafío de crecer y crear empleo en un mundo más difícil
”Lo importante ahora, dada la emergencia laboral, es priorizar, dentro de los recursos ya contemplados, el gasto en vivienda y obras públicas de este trimestre y del próximo año en proyectos que atiendan carencias importantes”. Por: Vittorio Corbo Lioi El escenario externo, que ya venía deteriorándose […]
11 de octubre de 2026 · EL MERCURIO –
”Lo importante ahora, dada la emergencia laboral, es priorizar, dentro de los recursos ya contemplados, el gasto en vivienda y obras públicas de este trimestre y del próximo año en proyectos que atiendan carencias importantes”.
Por: Vittorio Corbo Lioi
El escenario externo, que ya venía deteriorándose por el aumento del proteccionismo y la guerra en Medio Oriente, se ha vuelto aún más complejo. El shock energético se prolonga, amenaza la resiliencia del crecimiento e impulsa la inflación global, y las tasas de interés internacionales de largo plazo suben con fuerza, llegando a los valores más altos en 24 años.
La expansión del conflicto en Medio Onte ha intensificado el alza de los precios de los combustibles. Caen los inventarios de petróleo crudo y refinados, aumenta la vulnerabilidad de las rutas y se deteriora la infraestructura de almacenamiento y refinación. Como señaló esta semana el CEO de Aramco, “reponer los inventarios de crudo mientras se abastece la demanda podría tomar hasta dos años”. Además, los precios del diésel, la gasolina y el combustible de aviación han aumentado mucho más que el precio del petróleo. Todo apunta a precios elevados de los combustibles por más tiempo. A ello se suman alzas en otros derivados del petróleo, como productos químicos, lubricantes y fertilizantes, lo que seguirá presionando la inflación y afectando a los consumidores.
En paralelo, las condiciones financieras internacionales se han deteriorado. Las tasas de interés de largo plazo suben, impulsadas principalmente por las tasas reales, y no por expectativas de inflación a largo plazo, que se mantienen controladas. Este aumento responde al fuerte endeudamiento de las grandes empresas tecnológicas, a los elevados déficits públicos y a la caída del ahorro personal. A esto se suma la apreciación internacional del dólar, sostenida por una economía estadounidense que continúa creciendo por sobre 2% anual y una Fed más agresiva.
Para Chile, a estas presiones globales se suma el aumento de los aranceles de Estados Unidos, nuestro segundo mayor mercado de exportación, desde cero bajo el Tratado de Libre Comercio hasta 12,5% en la actualidad.
Ante este cuadro, la principal defensa de una economía pequeña frente a shocks de esta naturaleza es contar con una macroeconomía ordenada e instituciones macrofinancieras sólidas. En esto Chile está bien posicionado. Los grandes desequilibrios acumulados durante la pandemia —alta inflación y elevado déficit en cuenta corriente— se han corregido. En el ámbito institucional, el Banco Central cuenta con una probada credibilidad; la CMF ha fortalecido su institucionalidad y el Consejo Fiscal Autónomo se ha consolidado en su rol de resguardar la sostenibilidad fiscal. Esta última se debilitó en los años recientes, pero el actual gobierno se ha impuesto metas fiscales exigentes y ha reforzado su compromiso de cumplirlas. Estas fortalezas reducen nuestra vulnerabilidad frente a los shocks, pero no resuelven por sí solas los problemas de crecimiento y empleo.
Los principales problemas internos son hoy el bajo crecimiento y el alto desempleo. La economía lleva cerca de un año y medio estancada y la desocupación se acerca a los dos dígitos. El PIB cayó en el primer trimestre y no creció en el segundo, mientras la actividad siguió débil en julio y agosto. El desempleo llegó a 9,6% en agosto y entre las mujeres se mantuvo en 10,3%. Este débil desempeño responde tanto a factores estructurales —como los fuertes aumentos de los costos laborales de los últimos años, la rigidez de los contratos y la automatización— como a factores cíclicos, especialmente la debilidad de la construcción.
El Presupuesto 2027, presentado esta semana, pone correctamente el énfasis en programas destinados a impulsar el empleo y el crecimiento, mejorar la seguridad y proteger a la niñez y es congruente con las exigentes metas fiscales del Gobierno. Lo importante ahora, dada la emergencia laboral, es priorizar, dentro de los recursos ya contemplados, el gasto en vivienda y obras públicas de este trimestre y del próximo año en proyectos que atiendan carencias importantes, sean intensivos en empleo y puedan ejecutarse rápidamente. También se requiere un nuevo impulso a las concesiones, tanto para crear empleo como para remover cuellos de botella que restringen el crecimiento. Se trata, por tanto, de acelerar y priorizar gasto ya previsto, sin debilitar el compromiso con las metas fiscales.
Pero las políticas contracíclicas no bastan. Para elevar el crecimiento tendencial o sostenible a tasas más elevadas se necesitan mejores incentivos a la inversión y al empleo, junto con aumentos persistentes de productividad. Aquí hay avances importantes. La Ley de Reconstrucción Nacional establece un marco más favorable y predecible para la inversión. A ello se suma la reforma de modernización del mercado de capitales en discusión en el Congreso, que busca profundizar el mercado y facilitar el financiamiento de la inversión productiva y de la vivienda. En materia laboral, sigue pendiente la ley de Sala Cuna Universal, que favorecería la participación laboral y la empleabilidad de las mujeres; también son necesarios ajustes o iniciativas que faciliten la mantención y creación de empleo en el marco de la Ley de 40 horas, las regulaciones a los contratos por hora y otras medidas de adaptabilidad laboral.
Chile enfrenta así un escenario externo considerablemente más difícil, pero, al mismo tiempo, la transformación de la economía mundial está abriendo oportunidades que el país está bien situado para aprovechar. La revolución de la IA, la transición energética y la diversificación de las cadenas de suministro están elevando la demanda de cobre, litio, minerales críticos y energías limpias. Aprovechar estas oportunidades requiere perseverar en la estabilidad macroeconómica y, al mismo tiempo, acelerar las reformas que destraben la inversión, eleven la productividad y generen empleo. En mares difíciles, la mejor protección no es refugiarse del mundo, sino fortalecer la nave y recuperar la capacidad de crecer.
Fuente: El Mercurio
Nota publicada originalmente por El Mercurio y recogida por el CPI en su informativo. Leer la nota original → (se abre en otra pestaña)